Archivo mensual: octubre 2010

Comenzamos curso con Doris Salcedo.

Llevaba tiempo queriendo postear, pero las prisas a veces no te dejan dedicarte a estas cosas. Estreno el curso (que está ya bien empezado) con esta entrada en la que expongo la obra de una artista colombiana que me ha llamado mucho la atención. Sencillamente alucinante.

DORIS SALCEDO

Instalación para la Bienal de Estambul. 2003. Son 1600 sillas ocupando el hueco entre dos medianera.

Sufrimiento contra el juego. Reflexión frente al mercado. Memoria para conjurar el olvido. Doris Salcedo trabaja con rigor y elude expresamente el artificio cuando quiere dar voz a la gente que vive en la periferia social. Sus obras parten de la experiencia vital de esas personas que no cuentan para los historiadores y, como ella misma ha reconocido, su dolor es la materia prima con la que elabora sus esculturas.

Salcedo estudió Bellas Artes en Bogotá y amplió después su formación con un postgrado en la Universidad de Nueva York. Un año después, en 1985, firmó la obra que la convirtió en la artista colombiana más afamada, consistente en 280 sillas colgadas en la fachada del Palacio de Justicia de su ciudad natal, símbolo de la masacre ocurrida allí cuando un grupo terrorista se hizo fuerte en el edificio y el ejército provocó más de 100 muertes entre magistrados, funcionarios, visitantes y guerrilleros durante el ataque para recuperar su control. A partir de entonces, Doris Salcedo dejó de ser una artista convencional, porque “aquella obra abrió la puerta a otros elementos, como el tiempo, el espacio público y la memoria”.

Prácticamente toda la obra de Salcedo gira en torno al grave problema de la violencia en Colombia y a su devastadora incidencia sobre el tejido social. La artista viaja a las zonas más deprimidas de su país y habla con las familias de los asesinados para incorporar sus testimonios a las esculturas e instalaciones que construye, porque “el artista no es una persona creativa”, sino alguien que “conecta pensamientos, historias y materiales”.

Doris Salcedo utiliza a menudo para hacer sus esculturas muebles a los que priva de su carácter familiar para darles un aire de malestar y horror. Así se anunciaba ya en la primera de sus obras que alcanzó la fama: un mural compuesto de zapatos metidos en nichos y cubiertos por una fina película transparente.

Sus obras han sido expuestas en museos tan importantes como el MoMA de Nueva York, el Pompidou de París, el Art Institute de Chicago, el Reina Sofía de Madrid y la Tate Modern de Londres. Fue, precisamente, en esta última institución donde alcanzó niveles de popularidad masiva gracias a la famosa ‘Grieta’ de 167 metros que creó en 2007 para su Sala de Turbinas. El dramático agujero que rasgaba el suelo del museo londinense quería ser símbolo de la división de clases, del racismo, “de la separación que existe entre la humanidad y la falta de humanidad.”

La propia Doris Salcedo define su obra como “perturbadora, conflictiva y difícil,” aunque los más importantes directores de museos y críticos de Arte consideraron que “es una artista moderna” que “posee claves para situar en la Historia la eclosión de artistas latinoamericanos de las últimas dos décadas”. Así lo reflejaron en el acta de concesión del Premio Velázquez de las Artes Plásticas de 2010.